Travis, el protagonista de la última y deliciosa novela de Juan Tallón (Mil cosas, Anagrama), “no considera que está en casa, con todo el placer que eso produce, hasta que no se ha quitado los zapatos”. A mí me pasa igual, tengo que descalzarme para estar es casa, porque en ese quitarse los zapatos está la sensación de que no hay que recorrer más mundo, de que se ha acabado la carrera y de que todo lo que viene será confortable. Y si descalzarse es el top uno, ducharse sería para mí el top dos del hogar. Quedarme quieta bajo el chorro de agua caliente, que es como lavarse las heridas del día, los pequeños accidentes. No es una cuestión de higiene, es una cura. Y salir mojada con la toalla en la cabeza y hacer ese recorrido inconsciente por todos los objetos que se han ido depositando a lo largo del tiempo que suponen pequeñas conquistas. Ese sentimiento de que es un mundo diseñado por ti, que te habla, que te refleja, que es tuyo. Ese goce íntimo de tener una casa.
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