Bárbara, pescadera: “Me ha llegado la notificación de un Bizum de una clienta a la que ayer le servimos un pedido a domicilio. El importe era de 30,81 euros y nos ha pagado 30 euros; me parece lamentable”

El comercio tradicional y los puestos de mercado afrontan a diario situaciones imprevistas a la hora de gestionar los cobros de sus productos y servicios. Bárbara, una pescadera que atiende su negocio junto a su hermano, ha decidido exponer públicamente la experiencia vivida con una clienta tras realizar una entrega a domicilio.

El episodio se ha producido mientras la pescadera se ausentaba unos minutos de su puesto para comprar la comida de la mañana: “Me he escapado un momentico de nada a buscar los bocadillos del desayuno para mi hermano y para mí”. Ha sido en ese momento cuando ha recibido en su teléfono móvil el aviso de una transferencia bancaria vinculada a un encargo servido el día previo.

La sorpresa ha llegado al comprobar el desglose del dinero ingresado en la cuenta del negocio familiar. La compra realizada por la clienta sumaba un total de 30,81 euros, pero la transferencia enviada ha sido exactamente de 30 euros, ignorando la parte de los céntimos.

La pescadera ha mostrado su indignación ante lo sucedido y ha remarcado que no le resulta un comportamiento del todo ajeno: “Y, para mi no sorpresa, el Bizum que ha hecho ha sido de 30 euros”. Asimismo, ha querido dejar claro que su queja no radica únicamente en la cantidad económica: “No es por los 81 céntimos, en serio, pero me parece sumamente lamentable”.

La trabajadora ha recordado que el encargo fue llevado hasta el domicilio particular de la clienta sin cobrar suplemento alguno por el transporte. Esto se debe a que la entrega se encontraba dentro del área de cobertura que el mercado local contempla con envío gratuito para todos los pedidos de proximidad.

Ante esta situación, Bárbara ha lamentado que se aproveche esta ventaja para reducir el coste de la cuenta: “Te lleven un pedido a casa, no te cobren nada por llevar el envío, porque entra dentro de la zona de reparto que se considera gratuita aquí, en mi mercado, y que si pone 30,81, ¿por qué tienes que pasar 30?”. La pescadera considera injustificable recortar el precio de venta fijado en el ticket.

La comerciante ha analizado además la lógica del cálculo numérico que ha utilizado la clienta para enviar el dinero. Según ha explicado la profesional, una regla básica de aproximación matemática habría elevado el precio final: “Si nos ponemos a redondear, sería 31”. De este modo, la pescadera ha cuestionado que el redondeo se realice siempre en beneficio exclusivo del comprador.

La pescadera ha criticado con contundencia la decisión unilateral de eliminar los céntimos en la operación: “¿En qué momento tú has dado por que los 81 céntimos quedaban descontados del total de la compra?”. La pescadera sostiene que ningún cliente debe atribuirse la potestad de perdonarse parte del cobro de una compra.

Para desmontar cualquier pretexto técnico, la trabajadora ha señalado que la herramienta telemática permite introducir fracciones monetarias sin ninguna dificultad: “Bizum es una herramienta de pago que permite poner decimales”. Por ello, ha argumentado que enviar 30 euros solo sería comprensible si la aplicación impidiera consignar céntimos: “Si no permite poner decimales, entendería perfectamente que mandes 30, pero ya está bien”.

Bárbara ha concluido su testimonio con una reflexión directa sobre la dignidad de los trabajadores autónomos y el esfuerzo diario en los puestos de abastos: “Hemos venido aquí a ganarnos la vida, no estar regalando el dinero porque sí”. Con este mensaje, la pescadera ha querido reivindicar el respeto hacia el pequeño comercio frente a actitudes que menoscaban sus ingresos diarios.

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