Laos es el país más singular del sudeste asiático. Para empezar, es el único que no tiene costa: está embutido entre gigantes como China, Tailandia, Myanmar y Vietnam. También es uno de los que tiene más baja densidad de población: apenas siete millones de habitantes para una superficie casi la mitad que España. Es muy montañoso y lo atraviesa de norte a sur el Mekong, o Mae Nam Khong, “la madre de todas las aguas”, el octavo río más caudaloso del mundo. Una arteria fluvial en torno al que han crecido algunas de las civilizaciones más fastuosas de la Antigüedad. Un topónimo que suena a exotismo, a napalm, a vietcong, a delta, a arrozales, a aromas de selva lluviosa y a mantras budistas.
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