“Con el paso del tiempo, el castillo en España abandona en parte su carácter militar para pasar a ser residencia de un noble, por lo que se convierte en un palacio y aparece en el gusto por la decoración y la estética”

España es una tierra de castillos, y esto no solo es una opinión popular, sino que el propio Alfonso X el Sabio, lo dejó por escrito: “España es segura e batida de castillos”. Las continuas luchas a lo largo de los más de siete siglos que duró la Reconquista, provocaron que en la Península Ibérica se construyera una enorme cantidad de fortificaciones y de sistemas defensivos. 

Y es que, cada una de estas estructuras de piedra, han sido testigo de cambios culturales, sociales, invasiones, conflictos… construyendo un legado donde “el castillo es una de las construcciones medievales más características”. Esto se cuenta en el vídeo “España, tierra de castillos – Spain, land of castles”, del canal de YouTube “ArteHistoria”.

Al principio, estas edificaciones tenían objetivos puramente militares, por lo que “su arquitectura era en un principio puramente funcional”. Sin embargo, “con el paso del tiempo el castillo abandona en parte su carácter militar para pasar a ser residencia de un noble por lo que se convierte en un palacio y aparece en el gusto por la decoración y la estética”, según explicaban en el vídeo. 

Generalmente, estas fortificaciones solían responder a patrones estructurales bastante bien definidos: “Más bien eran pequeños con torres almenadas material constructivo visto y foso seco alrededor”. A su vez, contaban con muros gruesos rematados por unas almenas y por matacanes, puertas protegidas por sistemas de defensa y aljibes para recolectar el agua de lluvia durante los asedios. En el centro de la fortificación, siempre se encontraba “la torre del homenaje, el edificio donde residía el señor”. 

La propiedad de estas fortificaciones mutó considerablemente con el devenir de los siglos. Si en un principio, la mayoría pertenecían a la Corona, que cedía una construcción a su gobierno por un alcaide, a lo largo de los siglo XII y XIII, las Órdenes Militares tomaron el relevo. En regiones como la Mancha, la frontera la defendían “monjes soldados que tienen a su cargo tierras y sirvientes a los que protegen mediante sus poderosas fortalezas”.

Posteriormente, en los siglos XIV y XV, los nobles asumieron el protagonismo en la construcción de fortificaciones. En esta época, estas construcciones pasaron a encontrarse en poblaciones o en lugares menos escarpados, introduciéndose elementos ornamentales, escudos nobiliarios y patios con pórticos. Esta hegemonía nobiliaria iba a perdurar “hasta que los Reyes Católicos acaben con las habituales revueltas nobiliarias de sus antecesores”, según explicaban.

A lo largo de la historia de España, se van encontrando estructuras de diversas culturas que irán innovando:

La etapa musulmana ocurre durante el emirato y el califato de Córdoba, siendo el modelo a seguir “los campamentos romanos castillos con plantas cuadradas y cubos rectangulares”.

Tiempo después, los alcázares construidos durante la época de los reinos de taifas, incorporaron el lujo y la ostentación, teniendo como ejemplo el Palacio de la Ajafería de Zaragoza: “el modelo más interesante de esta etapa”. 

Después, contrastando con la arquitectura de los reinos de taifas, se encuentra la arquitectura de los primeros reinos cristianos. Estos castillos, levantados entre los siglos X y XIII en Castilla, León , Cataluña, Aragón y Navarra, destacaban por tener un diseño funcional, con cubos cilíndricos en las esquinas y una imponente torre principal de sección cuadrada. 

Con la llegada del Renacimiento y las armas de fuego, se produciría un impacto en la artillería, algo que forzaría a una transformación técnica: “los muros presentan menor altura y las torres son circulares las saeteras antes verticales pasan a ser horizontales para alojar los cañones”. Un ejemplo de ello, es el castillo de Grajal de Campos, en León. 

Entre los miles y miles de castillos que pueblan la geografía de nuestro país, algunos de los ejemplares más ilustres y que se conservan abiertos al público son: 

El palacio Real de Olite, en Navarra: Mandado a construir durante el reinado de Carlos III el Noble a principios del siglo XIV, dividiendo los espacios en dos, denominados: “Palacio Viejo y Palacio Nuevo”. 

El Castillo de La Mota, en la población de Medina del Campo, Valladolid: Reconstruido por el Rey Alfonso VIII y renovado por los Reyes católicos, tiene dos recintos dominados por “la torre del homenaje”.

El Castillo de Loarre, en Huesca: Construido durante la Reconquista en una colina, está considerada como “la fortaleza románica mejor conservada de Europa”.

El Alcázar de Segovia: Una fortaleza que sirvió como una residencia real y de inspiración cultural. 

Pese a que a lo largo de los siglos, muchas de las fortificaciones se han desgastado o derrumbado, “nos quedan ejemplares suficientes para poder disfrutar de estas fortificaciones verdadero símbolo de la Edad Media”, según explicaban en el vídeo, que culminaba, recordando que ir a estas fortificaciones, nos traslada a una época en la que existían los caballeros, las cruzadas, las doncellas… regresando a un mundo misterioso y casi fantástico que realmente, sí existió. 

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