Fernando Martínez de Carnero, divulgador de moda: “Desde España no es que compitieran con París o Milán, es que jugaban en la misma liga, estaban totalmente a su nivel”

Durante las décadas de 1950 y 1960, Madrid, Barcelona y San Sebastián se situaron al mismo nivel de París o Milán. Pero, la falta de protección institucional, la presión fiscal y la irrupción de la tendencia: listo para ponérselo (Prêt-à-porter/ Ready to Wear) provocaron la desaparición fulminante de talleres de alta costura, comenzando un cambio social en España. Fernando Martínez de Carnero, en su vídeo “Moda española en el siglo XX: la muerte de la Alta Costura española”, cuenta el desarrollo que ha tenido la industria de la moda española en las últimas décadas.

Hubo un tiempo en el que la moda española era un sinónimo de lujo a nivel internacional. Durante los años 50 y 60, las creaciones nacionales no solo destacaban en el ámbito doméstico, sino que competían en capitales europeas de gran renombre en el mundo de la moda. Ciudades como Madrid, Barcelona y San Sebastián, según explicaba Martínez de Carnero: “no es que compitieran con París o Milán, es que jugaban en la misma liga, estaban totalmente a su nivel”.

Aquel periodo fue un momento de máximo esplendor y “una auténtica edad de oro para la creatividad que marcaba la pauta del lujo y la elegancia en todo el planeta”. Sin embargo, a diferencia de Milán, Londres o París, que han mantenido su estatus como capitales de referencia en la alta costura internacional, la industria española no sufrió un proceso de decadencia paulatina, simplemente, desapareció. 

El modelo tradicional de alta costura, que era un sistema artesanal, hecho a medida, algo exclusivo, colisionó frontalmente contra la llegada de la Prêt-à-porter o “Ready to Wear”. Esta nueva modalidad de ropa hecha en serie, más accesible, celebraba el cambio, lo inmediato y lo joven, alterando las dinámicas que la industria había llevado hasta el momento. 

Aun así, la irrupción del “Ready to Wear” no afectó de la misma forma a todos los países. Mientras que en Italia o en Francia, los gobiernos entendieron la alta costura como “un activo cultural y económico, algo de interés nacional” y le otorgaron un apoyo y subvenciones, la situación en España fue diferente.

La industria nacional se quedó aislada, quedándose “completamente sola, debilitada por los impuestos y sin ningún tipo de ayuda para poder adaptarse”. Esta combinación de factores fiscales y la ausencia de un respaldo público hicieron que el sector acabase en una posición de “debilidad mortal”, según afirmaba Martínez Carnero en su vídeo.

Pese al cierre de la alta costura, este colapso no significó el fin de la moda española. Debido a que, el quiebre de aquel modelo elitista, permitió el surgimiento de una nueva etapa creativa que que hizo que la moda renaciese de sí misma. 

La caída de este sistema de moda tan “elitista y controlado” fue un reflejo del cambio social que se estaba viviendo en España. En este contexto, la ropa pasó a ser un “lenguaje visual que nos contó esa transformación”.

Este recorrido histórico que conectó, el refinamiento de los salones, con la “rebelión más absoluta de la contracultura” en las calles de la movida madrileña, mostró un proceso en el que un país mostraba su propia voz, mediante la “celebración de la creatividad sin ningún tipo de regla”.

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