Isaac, chatarrero: “En el año 2000, a mi padre le dieron 7.000 euros por la chatarra en un rato. Eso era antes. Ahora, para sacar 200 euros, tienes que estar una semana”

El día a día de un chatarrero está marcado por la incertidumbre económica y un esfuerzo físico constante. Isaac, un trabajador de origen extremeño y padre de dos hijos pequeños, ha explicado los entresijos de una profesión a la que se dedica desde que obtuvo el carnet de conducir siguiendo los pasos de su familia. “No tenemos otra. Buscando un hierro aquí, allí es lo que hay, porque no hay trabajo, no hay nada tampoco”, ha afirmado al detallar su rutina laboral en el canal de Youtube.

La jornada empieza a primera hora de la mañana y suele prolongarse durante más de ocho horas recorriendo pueblos y urbanizaciones. La competencia directa con otras furgonetas condiciona cada trayecto, ya que quien llega primero se queda con el material. “Esto es la vida del chatarrero, que luego digan que vean que no es tan fácil, te pueden quitar la chatarra”, ha advertido sobre las dificultades de este oficio tradicional.

Poner el vehículo en marcha exige asumir un desembolso significativo antes de localizar la primera pieza metálica. El combustible supone el gasto más elevado del día, al que se añaden otros costes indispensables de manutención. “Salir tranquilamente son 35 euros, ver cómo está el gasoil, 35 o 40 euros. Siete el tabaco, echad de cuenta el desayuno. Se te están yendo 60 euros mínimo, 70 un mínimo”, ha desglosado sobre sus gastos diarios.

Cuando la jornada concluye sin apenas carga, el balance resulta negativo para la economía familiar. Isaac ha confesado que atraviesa rachas complicadas donde ni siquiera cubre la inversión: “Llevo tres semanas fatal, los peores días. La semana pasada no me gané ni lo que me gasté”. Además, ha señalado que no cotiza como autónomo por la falta de margen: “Si eres autónomo, en las chatarras creo que no te llega ni para pagar”.

El rendimiento económico depende exclusivamente de los materiales recogidos en cada aviso. Mientras que el cobre y el aluminio son los más cotizados, el hierro fundido se paga apenas a “18 o 19 céntimos” el kilo y otros restos carecen de valor. Con frecuencia, retirar estos elementos inservibles forma parte del trato vecinal: “Como nos da la chatarra, pues le hacemos el favor de limpiarle también la basura”.

El sector ha experimentado una notable caída de rentabilidad con el paso de los años. Isaac ha recordado que en el año 2000 su padre llegó a conseguir “7.000 euros de chatarra en un ratito”, un escenario muy lejano al actual, donde “para coger 200 euros tenéis que estar una semana”. Su mejor jornada reciente ascendió a “mil y pico” euros gracias a la limpieza completa de una azotea repleta de perfiles de aluminio.

La disponibilidad en este trabajo se mantiene activa de manera ininterrumpida ante cualquier aviso imprevisto. “Un chatarrero no deja de serlo las 24 horas del día. Me llamas a las cuatro de la mañana y voy a recogerte la chatarra”, ha asegurado. A la dureza física se añaden las sanciones policiales por el uso de la megafonía y el riesgo de que las autoridades confisquen la carga recogida.

Ante este panorama, Isaac desaconseja por completo que sus hijos continúen con la tradición familiar en el futuro. “La verdad es que no, que busquen otra cosa, porque es muy sufrido. Ya lo estás viendo, que no es un sueldo fijo tampoco”, ha sentenciado con franqueza, recordando que para salir cada mañana a la calle resulta imprescindible mantener la motivación: “Si no tienes esperanza, no salgan a buscar chatarra”.

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