La mantequilla ha vuelto a ser un objeto de deseo: en las queserías artesanas, los alquimistas de la leche recuperan las recetas de nuestras abuelas, amasan nata fermentada, llenan talleres hasta la bandera y agotan cada remesa de cremosos lingotes dorados. Pero aunque estemos acostumbrados a que la materia prima de este producto sea la leche de vaca, hay quien salta del ganado bovino al ovino para ofrecer una mantequilla diferente.
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