En los últimos años del siglo XVI, el Imperio Español era el más poderoso del planeta, liderando unos territorios en los que jamás se ponía el sol. Sin embargo, quién los gobernaba, comenzó a sufrir intensos dolores en las articulaciones y continuas fiebres. Felipe II sufría los estragos que produce la gota y la artritis, enfermedades que fueron reduciendo cada vez más su movilidad hasta dejarlo prácticamente postrado. Sin embargo, de aquella circunstancia tan desfavorable nació una de las técnicas más innovadoras de la época: la “silla de las gotas”, considerada el primer y mejor ejemplo de lo que posteriormente sería la silla de ruedas moderna.
El deterioro físico que sufrió el monarca comenzó a mediados del año 1568, cuando un dolor espantoso, insoportable y agudo le indica en su mano derecha que comenzaría una de sus peores pesadillas: La gota. En 1580, el cuadro cínico de Felipe II se complicaría con asma y artritis, y en 1590 con 63 años, ya necesitaba un bastón para poder caminar. En 1593 los médicos tuvieron que realizarle una punción en su mano en dos ocasiones, para poder drenar la acumulación de pus.
La situación ya se vuelve crítica en el año 1595 cuando le da un ataque de fiebre que durante treinta días no se disipa. Fue este el momento de máxima fragilidad del Rey Prudente y por lo que el servicio médico de la corte del Alcázar de Madrid, adquirió este inédito objeto para la época, todo con la idea de aliviar el sufrimiento del rey.
El mueble fabricado, llamado “silla de las gotas”, combinaba un confort lujoso, dotado de un tapiz sofisticado con un mecanismo articulado. Según las descripciones, el diseño estaba basado en dos láminas metálicas semicirculares dentadas que permitían reclinarse o erguirse como la persona quisiese, mediante un ajuste en el respaldo y el reposapiés. Este artilugio permitía al rey incorporarse y atender los asuntos del imperio, y a su vez, reclinarse completamente para descansar o dormir. A diferencia de la silla que fue utilizada por su padre Carlos I, a lo largo de su retiro en el monasterio de Yuste, que debía ser transportada mediante palos por varias personas, el modelo que tenía Felipe II estaba provisto de ruedas para ser empujado por un único sirviente.
Pese a que existen antecedentes primitivos de sillas con ruedas en la Grecia clásica o en la antigua China para transportar carga o llevar a personas, la silla que fue ideada para Felipe II, es el primer antecedente documentado en el que la silla de ruedas es funcional y se encuentra articulada para personas con movilidad reducida.
El 30 de junio de 1598, Felipe II se fue de Madrid con destino al Monasterio del Escorial, tumbado en su innovador artilugio. Allí pasaría los últimos 53 días de su vida agonizando hasta su fallecimiento el día 13 de septiembre de 1598.
Pese a que la silla de ruedas tal cual la conocemos, fue inventada en el año 1783 por John Dawson de Bath, la silla de Felipe II es un precedente histórico claro de lo que sería después un invento que cambiaría en el futuro la vida de millones de personas.
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