El final de la calle Arte de la Seda, en pleno centro histórico de Sevilla, es una vía estrecha, recoleta, de suelo adoquinado y casas bajas, donde si se estiran los brazos por el balcón, casi se podría abrazar al que vive enfrente. Hasta 2024 también era una calle muy tranquila, donde apenas se colaba un ruido que no fuera el de los “vecinos de toda la vida”. Entonces, y después de tres años de obras que cambiaron su fisonomía, uno de esos edificios, con salida a la paralela calle de Santa Clara, se convirtió en apartamentos turísticos de lujo con cinco terrazas con sus respectivos jacuzzis en el exterior y con inquilinos que apuran y amortizan su estancia hasta altas horas de la madrugada, quebrantando el descanso del resto de los residentes. “Esto es un sinvivir”, se lamenta Bertha Ureña, la presidenta de la comunidad del bloque número 17, que, junto con algunos propietarios de los números 12, 14 y 21, ha presentado una denuncia a la Gerencia de Urbanismo para que intervenga e informe sobre la viabilidad de la instalación de esas bañeras de hidromasaje.
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