Si la realidad fuera Twitter (o ahora X), Pablo Iglesias habría sido presidente del Gobierno y Vox ganaría las próximas elecciones. Pero las redes sociales no son un reflejo exacto de lo que ocurre en el mundo real y, por fortuna, al autobusero de Mieres o a la arquitecta de Badajoz no les importa demasiado qué sea trending topic. Los entornos digitales no siempre representan a la calle. Y la calle —que se lo digan a Feijóo— tampoco anticipa necesariamente el veredicto de las urnas. Es en este segundo hiato donde quizá podamos valorar la inflación mediática de determinados fenómenos.
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