Verano de 2025. Miguel A. Torres Riera, presidente de Familia Torres y cuarta generación de una saga vitivinícola cuya bodega fue fundada en 1870 en Vilafranca del Penedès, está sentando frente a una hoja en blanco. Ha decidido escribir sus memorias. Le invade un inusual entusiasmo. Su mesa, repleta de fotografías, recuerdos y notas, le llevan a perderse sin orden por los recuerdos de su familia, sus inicios como enólogo, sus primeras revoluciones, los amigos, su mujer (la artista Waltraud Maczassek), el nacimiento de sus hijos, las tardes en el viñedo. Pronto cumplirá 84 años y piensa que es el momento, que “aún tiene buena memoria y desea escribir lo vivido”.
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