La prolongación del conflicto en Oriente Próximo, y la certidumbre de que su final no parece cercano, está empezando ya a sentirse en las cuentas de resultados de los principales grupos textiles del mundo. Negocios que, por su naturaleza y escala, exigen una operativa productiva y logística deslocalizada, y que dependen de la disponibilidad y los precios del transporte para lograr sus objetivos de rentabilidad.
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