El hostelero Abraham Galera, conocido en redes sociales como abrigaca, ha hecho balance tras cumplirse el primer año desde que tomó una de las decisiones más importantes para su negocio. El propietario ha celebrado el cambio de modelo en su establecimiento tras cerrar su restaurante 2 días a la semana en lugar de una sola jornada. Según ha relatado, esta medida ha transformado la dinámica de trabajo y la organización del negocio.
Antes de adoptar esta reestructuración, el local permanecía cerrado únicamente los martes, lo que generaba notables dificultades organizativas en el día a día. Los trabajadores rotaban sus descansos entre lunes y martes o martes y miércoles, una fórmula que mermaba la plantilla disponible. Galera ha recordado que los lunes y los miércoles contaba con la mitad de la plantilla para sacar adelante el mismo volumen de trabajo.
A pesar de respetar los horarios de los empleados, la mayor exigencia recaía de manera directa sobre la propia familia del hostelero. El dueño ha remarcado el sobreesfuerzo que vivían en cada turno: “Cumplía con todos los horarios de mis empleados, pero yo y mi madre y mis familiares éramos los que más pringábamos”. Esta situación les obligaba a asumir el ritmo de trabajar corriendo el doble para cubrir al resto del equipo teniendo solo un día libre.
El hostelero ha admitido que dar este paso genera incertidumbre en el sector de la hostelería, ya que implica cerrar entre 8 y 10 días al mes. Durante este proceso, ha reorganizado las funciones internas tras la marcha de algunos trabajadores sin necesidad de contratar sustitutos. “Se me fue yendo gente y no he metido a nadie para suplirlos, y hemos hecho el trabajo sin ellos”, ha explicado respecto a la nueva gestión del personal y la eficiencia del servicio.
El nuevo esquema ha permitido que el equipo disfrute de un descanso semanal continuado y predecible. Galera ha celebrado la respuesta de los trabajadores y ha asegurado: “Tanto camareros y como cocineros, a día de hoy, yo creo que están supercontentos”. La plantilla sabe que desde el lunes a las 6 de la tarde hasta el jueves no tiene que trabajar, disfrutando de dos días enteros y seguidos con el restaurante cerrado.
La reorganización del calendario se ha llevado a cabo seleccionando las franjas horarias con menor afluencia y facturación. En la actualidad, el restaurante baja la persiana el domingo a las seis de la tarde, el lunes a la misma hora, además de no abrir en todo el martes ni el miércoles. Galera ha subrayado que mantener abierta la persiana en esas jornadas de menor afluencia de comensales no aportaba rentabilidad neta a su negocio hostelero.
El dueño ha detallado las razones económicas que justifican prescindir de los servicios menos concurridos. “Para mí, muchas veces, tener abierto ese domingo por la noche o ese lunes por la noche o ese martes entero o ese miércoles entero no me suponía ningún beneficio”, ha afirmado. En este sentido, ha advertido de que facturar 1000 euros o 1500 euros en esos turnos solo alcanzaba para cubrir gastos de abrir el local, tales como personal, luz, cocina y género.
Con el nuevo planteamiento, el negocio ha concentrado sus turnos de cena exclusivamente durante el final de la semana. Galera ha explicado que ahora cierran dos días completos a la semana y solo atienden tres noches de servicio, que se concentran en jueves, viernes y sábado. Este cambio ha permitido consolidar el rendimiento del restaurante sin desgastar a los trabajadores.
El propietario ha concluido su balance remarcando que la constancia horaria fideliza al público habitual. “Al final, si lo haces bien, la clientela se acostumbra a tu horario, si eres fijo en ese horario, no te van a fallar ni te van a faltar los clientes”, ha sentenciado Galera sobre un modelo que combina mayor bienestar laboral con el continuado respaldo de la clientela.
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