Parece un reel en bucle: llegar a casa, colgar la ropa, dejar el túper en el fregadero. Otro día más en ese trabajo rutinario y exigente. Otra vez, mil consultas a la almohada sobre la forma de retomar las riendas de tu vida. Te hablan cada vez más y mejor de la Formación Profesional (dos años de estudio, una tasa de empleo que supera a los grados universitarios, ciclos de todo tipo…) pero cuesta parar el ritmo, renunciar a un sueldo para apuntarse a un instituto y estudiar.
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