Polarización es la palabra con la que se resumen hoy los debates. No son solo los medios de comunicación los que nos empujan a posicionarnos de inmediato a favor o en contra de cualquier asunto. También lo hacen las propias personas en las conversaciones de cada día, como si la urgencia por opinar fuese una obligación moral. Sin embargo, no es obligatorio tomar partido de forma inmediata. Estar a favor o en contra sin reflexión resulta tan pobre como renunciar a tener opinión. A las opiniones se llega mediante la discusión con uno mismo. El mundo no es blanco ni negro, y rara vez conocemos los asuntos complejos con la profundidad suficiente como para sostener una opinión tan firme que no pueda cambiar a lo largo de una vida. Pensar y no actuar de manera impulsiva no es equidistancia ni indiferencia; es un intento honesto de comprender la complejidad de las cosas.
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