La lista de los mejores espectáculos teatrales de 2025, realizada con aportaciones de los tres críticos habituales de Babelia y presentada aquí en orden cronológico, deja una conclusión evidente: cuatro de los diez títulos señalados llevan la firma de mujeres creadoras totales. Lucía Carballal, María Velasco, Victoria Szpunberg y Angélica Liddell, cada una en su estilo, son la prueba de que la diversidad enriquece el arte. A lo que hay que añadir la catarsis dancística que desató la bailaora Rocío Molina en su último estreno.
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Protagonistas de la danza
Los datos alrededor de la danza siguen siendo preocupantes. En el Anuario SGAE 2025 de las artes escénicas, musicales y audiovisuales, que hace referencia a 2024, la danza solo ocupa el 4.5 % de las funciones programadas en España. Un porcentaje sangrante que no ha mejorado este año que acaba y que contrasta con los buenos resultados artísticos.
Calentamiento. Rocío Molina y Pablo Messiez. Lo nuevo de la bailaora Rocío Molina sacudió el Centro de Danza Matadero, donde se estrenó en noviembre, y también la totalidad de la escena. Así de catártica fue la velada. Calentamiento son dos horas de entrega superlativa de una coreógrafa, aquí también actriz, que ejerce el oficio y la creación desde esa libertad que solo da el conocimiento y lo valiente. Pablo Messiez la acompaña en la dirección y el texto, y el resultado del tándem puso de rodillas al cineasta Pedro Almodóvar, que al terminar la función de estreno se postró ante ella y le lanzó un beso frente a los presentes. El próximo año visita varias ciudades españolas. Vayan a verlo y acuérdense de llevar una flor roja.
Natural Order Of Things. Guy Nader y María Campos. La última creación de este colectivo afincado en Barcelona es la muestra mejor conseguida de ese vocabulario y discurso que les define. Nominada a cinco Premios Max de las artes escénicas, se hizo con tres de los más importantes: el de mejor intérprete masculino de danza (Alfonso Aguilar), el de mejor intérprete femenina (María Campos) y el de mejor coreografía. En escena, nueve bailarines, pulcros, matemáticos, poderosos, en una casi constante verticalidad, dibujan composiciones inagotables en lo que podría ser un bucle aritmético infinito. Es el poder del cuerpo y su concentración, de la riqueza coreográfica sin aspavientos. Se estrenó fugazmente en el festival Grec de 2024, pero su trayectoria por los teatros ha empezado en 2025.
ZERO. Manuel Rodríguez. Manuel Rodríguez es uno de esos creadores ajenos a las tendencias que marca el mercado. Y en su obra general, eso se nota y se agradece. Aunque puede que esta independencia también sea la explicación de por qué sus trabajos no se prodigan más en las carteleras. ZERO, estrenado en el Centro Coreográfico La Normal el pasado septiembre, solo se ha visto un par de veces más este año. Una pena. Se trata de un solo que además de ejemplificar ese lenguaje tan singular de Rodríguez, que pasa por la danza contemporánea, pero también la danza urbana, el clásico y las artes visuales, ahonda en nuevas herramientas escénicas (como la voz) y en territorios más íntimos: ZERO es un homenaje del bailarín a su madre, fallecida hace un año.
Norma. Antonio Ruz. Dos ideas atraviesan el alegato del último trabajo del coreógrafo Antonio Ruz: ese parecer que impera por encima del ser, propiciado por las redes sociales y la sobreexposición que las articula, y esa normatividad en los cuerpos que todavía campa a sus anchas en general y en la danza en particular. Aborda ambos temas potenciando la personalidad de los cinco y muy diferentes bailarines que dan vida a la obra. Con cierta retranca y una simbología cuidada y reconocible. Las grandes cortinas que enmarcan Norma, desde lo escenográfico y lo dramatúrgico (con firma de Roberto Martínez, que también forma parte del equipo de Calentamiento, de Rocío Molina), y las luces de Olga García suman a esta propuesta aguda y desenvuelta.
Lâs alegrías. María del Mar Suárez, La Chachi. En el ideario y cuerpo de María del Mar Suárez, La Chachi, las alegrías, uno de los palos flamencos más festivos, se retuercen y se desgranan tanto, y desde un lugar tan propio, que acaba siendo vandalismo escénico. Del bueno. Del que se hace con toda la conciencia y la necesidad. Ese que La Chachi practica desde 2017 y que hace que, a pesar de ser flamenco, su trabajo se vea sobre todo en circuitos destinados a la danza contemporánea. En este montaje sencillo y muy divertido, donde se da esa pauta tan difícil de humor y reflexión, todo desde lo corporal, el peso recae en las dos intérpretes: La Chachi junto a la cantaora Lola Dolores. Y el atreverse a sacudirle lo sacro al flamenco.







