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  • ‘La bola negra’: estética e hipersensible

    Pocas veces he constatado un grado tan alto de expectación no ya entre la cinefilia, sino también en gente de la calle que quiere saber mi opinión sobre una película titulada La bola negra. Viene avalada por premios lujosos en festivales, en la tantas veces falsa suposición de que esos galardones han sido bendecidos por la infalible gracia de Dios, y por una espectacular campaña de marketing cultural y apoteosis de lo woke. Y uno es proclive a las manías y a los prejuicios. Pero estoy dispuesto a creerme la excelencia cinematográfica de Javier Ambrossi y de Javier Calvo (el público y los profesionales deberían prescindir de ese colegueo tan moderno de identificarlos todo el rato como Los Javis), después de haber quedado fascinado con su talento visual y expresivo, con su capacidad para inventarse un universo tan siniestro como mágico, con su poder para transmitir una atmósfera entre misteriosa y lírica como hicieron en su admirable serie La Mesías.
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    La bola negra
    Dirección: Javier Ambrossi, Javier Calvo.
    Intérpretes: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Lola Dueñas, Penélope Cruz, Glenn Close.
    Género: drama. España, 2026.
    Duración: 159 minutos.
    Estreno: 25 de septiembre.

  • Victoria Luengo: “Me da miedo que la gente se canse de verme. Yo acabo harta de mi sobrexposición”

    Victoria Luengo (Palma, 36 años) está felizmente cansada. Y defiende que se encuentra tanto en momento gozoso, en el que disfruta y sabe que no tiene derecho a la queja, como de necesidad de parar. Más de sobreexposición que de trabajos, porque, como espeta: “A ver, si llegan estas películas, ¿a cuál digo que no?”.
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  • Zapatero se enfrenta al mismo silencio de los saudíes que Juan Carlos I con los regalos del rey Abdalá

    Lograr la colaboración judicial del Gobierno de Arabia Saudí no es una tarea fácil. El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha fracasado en su intento de que la Casa Real de Riad certifique que las joyas más valiosas encontradas por la Policía en una caja fuerte de su despacho, un piso en la madrileña calle de Ferraz, fueron un regalo recibido en 2007 del rey Abdalá Bin Abdulaziz durante su visita a España.
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  • Silenciar a quien documenta

    La persecución de Benjamín Netanyahu y sus colaboradores contra los artistas que denuncian la masacre en Gaza ha alcanzado una nueva cota con la propuesta del ministro de Cultura, Miki Zohar, de que se despoje de la nacionalidad israelí a los cineastas Yuval Abraham y Rachel Szor. Se trata de los directores de NAZA, película que documenta la matanza continuada y sistemática de civiles palestinos por el Ejército israelí en Gaza durante la guerra desencadenada desde 2023.
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  • Intento de suicidio

    “Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Tales son las primeras palabras del primer tomo de A la busca del tiempo perdido, la obra monumental de Proust, en las que uno permanece apresado debido a la discrepancia feroz entre su sencillez aparente y su complejidad real. La frase está atiborrada de tiempo. “Durante” se refiere a un período. “Mucho” lo dilata. “Tiempo” lo nombra. “Temprano” nos remite a la hora. Hasta “acosté” está conjugado en pasado. Solo parece quedar fuera “me”, un pronombre de dos letras prendido en medio de ese artefacto temporal.
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  • Cantos de sirena mecánicos

    El mundillo literario francés está en llamas. A principios de esta semana, la novela C’était ça ou mourir, del quebequés de origen haitiano Thélyson Orélien, recibe el Premio de Novela Fnac. La crítica afirma que se trata de una novela extraordinaria, con un lenguaje único; un relato desgarrador, como son o parece que tienen que ser los relatos ahora, que mezcla las vivencias del autor con una pluma fina, valiente, poco habitual, ¡insólita! Todo hace pensar que puede ganar incluso el Goncourt. Un único problema: en las redes sociales, una cuenta anónima acusa al libro de estar redactado con inteligencia artificial (IA). La cuenta somete cada capítulo a un detector, Pangram, cuya tasa de falsos positivos se estima en uno de cada 24.000. Los resultados son inequívocos: los 35 capítulos del libro están escritos por la IA. El autor lo niega, la editorial lo niega, todos hablan de falsos positivos; autoras de mérito incontestable como Virginie Despentes denuncian una caza de brujas aupada por la extrema derecha contra una voz poscolonial y racializada. Las mismas pruebas, aplicadas a otras novelas de autores haitianos, las dan por humanas. Ojo a la ironía: Grasset, que denuncia el racismo de sus críticos, es la editorial que abandonaron más de 100 autores tras el despido de su director, atribuido al magnate conservador Vincent Bolloré. La pregunta de fondo es complicada, a la vez sencillísima: a estas alturas, ¿somos capaces de saber si un texto lo ha generado una inteligencia artificial o lo ha escrito un humano de carne y hueso?
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  • El retorno de Puigdemont

    Según ha explicado en la entrevista publicada la semana pasada en un medio inglés, The Sunday Times, el ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont esperará hasta después de su retorno a Cataluña, parece que próximo, para decidir qué hacer con su futuro político. Según dijo en la entrevista, baraja varias opciones, que no especificó.
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  • Una lectora: “Un alquiler imposible no pesa menos porque quien lo cobre no sea una gran empresa”

    He visto un meme inspirado en el Saturno de Goya, en el que aquel no es un dios mitológico, sino un propietario. Lo más incómodo de la imagen es que este no tiene por qué ser un fondo de inversión ni un magnate inmobiliario. Puede ser una familia que se sienta a cenar y lamenta cómo está la vivienda en España, pero al día siguiente fija el precio de su piso y redacta las condiciones del contrato. No hay que demonizar a quien tiene una propiedad, pero tampoco fingir que las decisiones individuales desaparecen cuando se habla de un problema colectivo. Una cláusula abusiva no deja de serlo porque la haya redactado una persona corriente, y un alquiler imposible no pesa menos porque quien lo cobre no sea una gran empresa. Nos hemos acostumbrado a buscar al culpable siempre un poco más arriba. Si todos señalamos a Saturno, ¿quién admite que también puede llevar su rostro?
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  • Lo que le ha pasado a Maricarmen te puede pasar a ti

    Todos pudimos verlo. En torno a la una de la tarde de este miércoles, Maricarmen, una madrileña de 87 años, abandonó la vivienda en la que había pasado su vida. Pero no por decisión propia. La desahuciaron al no poder hacer frente al nuevo precio del alquiler impuesto por los propietarios de su casa. Maricarmen llevaba ocho años luchando por quedarse en su piso y, al cuarto intento de desahucio, han conseguido echarla. No es un caso aislado; le ocurre cada día a medio centenar de familias. De hecho, este viernes estaba previsto el desahucio de una persona vulnerable en Tenerife y mañana cualquiera puede estar en ese lugar si no se pone freno a la crisis de la vivienda. Las imágenes de Maricarmen saliendo en camilla de su hogar, las de las concentraciones o las de la violencia policial para disolver a quienes protestaban son el reflejo de que el sistema ha fracasado.
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