“El año que viene dejo de fumar”, dijo Diego con seguridad mientras cenaba con sus amigos el sábado. La afirmación fue seguida por una risa colectiva. Le han escuchado pronunciar las mismas palabras cada Navidad durante los últimos cinco años. La llegada de un nuevo año suele venir acompañada de una lista de propósitos que no siempre se cumplen y que, en muchos casos, se repiten por inercia. Dejar el tabaco encabeza cada enero esa lista. No es casualidad. Aunque la decisión es individual, los expertos coinciden en que el papel del entorno resulta determinante para que el intento se consolide o se diluya con el paso de las semanas. Pero, ¿cómo debe actuar ese entorno para convertirse en apoyo y no en obstáculo?
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