Mi infancia es la risotada de la Bruja Avería, el gol que Platini le coló a Arconada por el sobaco y el aroma químico del flan de sobre Mandarín. El señor asiático que sonreía desde la caja le sumaba misterio a un truco anonadante a ojos de un crío. ¿Cómo podían salir unos flanes tan ricos de aquellos polvos? ¿Qué extraña magia contenía aquel producto que se fabricaba en España y no en una pedanía cantonesa?
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