Los campos de la lavanda en julio, los incontables colores de sus bosques en otoño, el sitio de Japón para los amantes de la nieve y el esquí. Hokkaido también es la cuna de la cultura ainu y el hogar de shima-enaga, un pequeño y esponjoso pájaro conocido como hada de las nieves protagonista de todo tipo de souvenirs. Dicen que esta isla es, además, el mejor sitio del país para comer pescado y marisco. Y el destino al que van muchos japoneses en vacaciones para disfrutar de sus pocos días de descanso y del ritual de darse un baño en aguas termales.
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Conociendo a los ainus
Los años sesenta y setenta fueron las décadas del bum turístico en Hokkaido, y en ese momento nacía el primer sitio de representación de la cultura ainu, un pueblo indígena de la región norte del archipiélago japonés, particularmente de esta isla. El objetivo era que los ainus dejaran así de mostrar a los turistas sus propias casas en Shiraoi. Pero los esfuerzos para poner en valor esta cultura y que no se pierdan sus artes —desconocidos para la mayoría de japoneses— se materializaron en julio de 2020, con la apertura del museo nacional Upopoy. “Fue un mal momento para abrir por la pandemia. Así que los dos primeros años del museo no cuentan, por las restricciones que había en el país”, explica Queralt Casado Pardo. Esta catalana lleva ocho años viviendo en la isla, y ahora investiga colecciones ainu en Cataluña y es la encargada de las relaciones internacionales y de montar exposiciones en el museo.
Dentro de la visión del mundo ainu, todas las cosas tienen un espíritu. Y las que tienen un impacto más grande en los humanos son los kamuy, que cuando vienen al mundo de los humanos toman formas distintas (animales, plantas, utensilios, fenómenos de la naturaleza…). Un oso es un kamuy, porque puede acabar con tu vida pero si lo cazas te da carne, pieles para el invierno, órganos para comerciar… Y un kamuy de hoy sería el teléfono móvil, ejemplifica Queralt.
En el museo se muestra cómo eran sus casas y danzas tradicionales, cómo tejen (trabajo de las mujeres) o tallan madera (trabajo de hombres), o sus instrumentos (probar que salga un solo sonido de un mukkuri, un tipo de arpa de boca de madera, puede llevar horas). Algo con lo que se identifica a los ainus son los patrones únicos en los bordados de sus prendas y maderas talladas (que identifican familias, zona geográfica o una persona). Los tejidos hechos con corteza de árbol de Nibutani y las bandejas de madera tallada son consideradas artes tradicionales de Japón. Mukar, de la etnia ainu, es el encargado del taller de artesanía, en el que actualmente trabajan 12 personas. Explica que le enseñó a tallar madera un vecino cuando tenía 19 años, y que se tarda hasta 10 años en aprender. Él ahora tiene 36, y piensa que aún puede mejorar.
En Upopoy, que de abril de 2024 a marzo de 2025 (año fiscal japonés) visitaron 316.398 personas, también hay un memorial. Construido en septiembre 2019, este espacio recoge restos humanos de ainus que fueron “recolectados” por universidades y museos por motivos de investigación antropológica. Un lugar de tránsito hasta que sean devueltos a sus familiares del que se ocupa el Gobierno. Hasta la fecha, han repatriado 1.651 cuerpos llegados de Alemania, Australia y Escocia.
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