El sector de la seguridad digital vive un momento de transformación que abre las puertas a profesionales alejados del ámbito informático puramente técnico. La experta en ciberseguridad María Aperador desvela la consolidación de un nuevo perfil laboral emergente que no requiere conocimientos tecnológicos avanzados, sino habilidades sociales, docentes y comunicativas.
La protección digital dentro de las empresas ya no se limita de forma exclusiva a los programas informáticos o a las barreras técnicas. “Hay un puesto en ciberseguridad que está explotando ahora mismo y aunque tú no seas una persona técnica, tienes que empezar a posicionarte para lo que viene”, señala María Aperador en sus redes sociales.
Esta nueva posición profesional recibe el nombre de gestor de riesgo humano. Su cometido principal consiste en encargarse de que los empleados de una compañía no se conviertan en la puerta de entrada de un ciberataque.
La aparición y rápido crecimiento de este rol responde a una necesidad urgente en las organizaciones. Según indica la experta, el informe de Verizon de este año detalla que el factor humano se encuentra detrás del 62% de las brechas de seguridad. Ante esta realidad, las empresas entienden que el eslabón humano exige una atención dedicada y especializada.
A diferencia de las ofertas de empleo tradicionales en el ámbito tecnológico, esta disciplina busca especialistas con competencias pedagógicas y de gestión de personas. “Quienes consiguen este puesto no son los informáticos de toda la vida, vienen de recursos humanos, de psicología, de magisterio, de comunicación”, destaca María Aperador.
La preferencia por estos perfiles profesionales responde directamente a la naturaleza de las funciones a realizar. “Al final todos tienen una cosa en común y es que saben enseñar algo a un grupo y comprobar que lo han entendido”, explica la especialista en ciberseguridad. La empatía, la claridad al explicar conceptos y la capacidad para formar a equipos resultan claves para proteger a las empresas.
El trabajo cotidiano de un gestor de riesgo humano combina la evaluación práctica de los procesos internos con la capacitación continua de los trabajadores. La labor concreta de este profesional consiste en entrar en la empresa, analizar por dónde se cuelan los ataques en la realidad, formar a la plantilla, lanzar simulacros y medir si las acciones han servido.
A través de este procedimiento, se identifican las vulnerabilidades del personal y se verifica el impacto real de las formaciones. El objetivo principal es asegurar que los empleados comprenden los riesgos y adoptan hábitos seguros en su día a día laboral.
El auge de este perfil demuestra que el sector de la ciberseguridad ofrece oportunidades reales a personas procedentes de las ciencias sociales, la educación y la comunicación. Para quienes buscan dar un giro a su trayectoria profesional, la gestión del riesgo humano se perfila como una opción de presente y futuro en constante expansión.
Tal y como concluye María Aperador, posicionarse en este puesto permite acceder a una industria con alta demanda aportando valor desde el entendimiento del comportamiento humano y la enseñanza.
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