A partir del próximo 1 de enero, una de las prácticas más molestas para los espectadores de televisión tiene los días contados. Los canales de la Televisión Digital Terrestre (TDT) ya no podrán emitir los bloques de publicidad con un volumen perceptiblemente más alto que el del programa, película o serie que se estaba viendo. Esta medida, esperada durante años por millones de usuarios, pone fin a los sobresaltos y a la necesidad de tener siempre a mano el mando a distancia.
El cambio llega gracias a una nueva normativa que obliga a las cadenas a mantener el mismo nivel de sonoridad media durante toda la emisión. Como explica el experto en tecnología José Ángel Cuadrado, el objetivo es garantizar “una experiencia de visionado mucho más cómoda y unificada, sin los picos de sonido que han frustrado a la audiencia durante décadas”. Hasta ahora, la regulación era más laxa y permitía ciertas técnicas que, sin superar los límites máximos de decibelios, lograban que los anuncios sonaran mucho más fuertes.
La razón por la que los anuncios parecen gritar en comparación con el contenido principal no es un simple capricho de las cadenas, sino una técnica de postproducción de sonido conocida como compresión de audio. Esta práctica reduce la diferencia entre los sonidos más bajos y los más altos de una pista de audio, lo que se conoce como rango dinámico. Al hacerlo, el nivel de sonoridad promedio aumenta considerablemente, provocando que el oído humano lo perciba como mucho más potente, aunque el pico de volumen máximo no se haya alterado.
Según Cuadrado, “no se trata de que suban los decibelios máximos, sino de que el sonido se siente más denso y constante, lo que genera una sensación de invasión acústica”. Esta técnica, muy utilizada en la industria musical y publicitaria para destacar, se había convertido en un estándar de facto en las pausas comerciales de la televisión, rompiendo por completo la atmósfera de la programación y generando una molestia generalizada.
La clave de la nueva legislación reside en la metodología de medición. Se abandonan los sistemas basados en picos de volumen para adoptar un estándar que mide la sonoridad percibida a lo largo del tiempo, un sistema mucho más preciso y alineado con la experiencia auditiva real del espectador. La normativa establece que el nivel de audio de la publicidad no podrá superar el del programa anterior o posterior, garantizando una transición suave y sin sobresaltos.
Para cumplir con la ley, las cadenas de televisión deberán ajustar sus procesos de emisión y postproducción de audio. “Tendrán que normalizar todo el contenido a un mismo estándar de sonoridad, lo que implica una revisión técnica para que tanto programas como anuncios se mantengan en un umbral homogéneo”, detalla el experto. Aquellas emisoras que no cumplan con la nueva regulación se enfrentarán a sanciones económicas importantes, lo que se espera que garantice una rápida adopción de la medida.
Para los espectadores, el beneficio es directo e inmediato: se acabaron los sustos y la carrera para bajar el volumen en cada pausa publicitaria. La medida promete una experiencia mucho más cómoda y agradable, permitiendo ver la televisión sin tener que estar en alerta constante por el cambio de sonido. Este cambio contribuye a un entorno de visionado más respetuoso con el público, que ya no se sentirá asaltado acústicamente durante los cortes comerciales.
Aunque la medida ha sido aplaudida de forma unánime por los usuarios, también supone un reto para las agencias de publicidad y las propias cadenas, que pierden una herramienta con la que tradicionalmente intentaban captar la atención del espectador. A partir de ahora, la creatividad y la calidad del mensaje deberán prevalecer sobre la simple potencia sonora para lograr impacto en la audiencia, marcando el inicio de una nueva era en la publicidad televisiva en España.
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