La mejor versión de Emilio de Justo emerge con fuerza en Valladolid

Valladolid volvió a encontrarse este viernes con una de las mejores versiones de Emilio de Justo. Tres orejas y la primera Puerta Grande de la Feria de San Lorenzo resumieron una tarde de entrega, variedad y capacidad del extremeño, que alcanzó su punto más alto ante el quinto. David de Miranda dejó también una importante impresión en su estreno en el coso del Paseo de Zorrilla, mientras Morante cargó con el lote de menos posibilidades. El remiendo de La Purísima que hizo quinto puso una buena nota dentro de una corrida de Vellosino de desigual comportamiento que venía a sustituir a un encierro ‘fantasma’ de Garcigrande.

Morante apenas pudo expresarse con el primero, un toro protestado por su presentación y excesivo volumen que tuvo nobleza pero careció de la fuerza necesaria para sostener sus embestidas. El sevillano trató de encontrarle las vueltas hasta que comprobó que allí había poco que construir y optó por abreviar.

Más interesante fue lo sucedido con el cuarto. Morante consiguió sujetar con paciencia la salida abanta del toro y dejó después un ramillete de verónicas de enorme sabor. El comienzo de muleta hizo pensar que podía haber faena, pero el animal terminó desarrollando genio, miradas y una embestida defensiva. Fue entonces cuando apareció un Morante menos estético pero igualmente interesante: firme, dispuesto a consentir y a tragar para arrancarle muletazos sueltos de notable profundidad. Cuando el toro se sintió podido terminó parándose. La ovación reconoció el esfuerzo.

Emilio de Justo comenzó a construir su Puerta Grande con su primero de Vellosino. El extremeño mostró desde el capote disposición y variedad.

La faena creció conforme Emilio encontró la medida del animal. Sin exigirle más de lo necesario, corrió la mano con temple y desmayo, especialmente sobre la diestra, donde llegaron las tandas de mayor ligazón. También hubo naturales de buen trazo y un final a pies juntos de notable pureza. Una estocada casi entera aseguró la primera oreja.

Pero el golpe de autoridad llegó con el quinto de La Purísima, encastado, repetidor y exigente. Emilio se fue a portagayola y desde ese instante planteó la faena como una declaración de intenciones. El toro tuvo movilidad, transmisión y ese punto de carbón que exigía estar siempre dispuesto a responderle.

De Justo comenzó de rodillas en los medios y, ya en pie, fue imponiéndose a una embestida que acudía con intensidad. Sobre la derecha llegaron tres tandas de enorme firmeza y profundidad, llevando largo al toro y rematando con soberbios pases de pecho. Hubo poder, emoción y una entrega que prendió definitivamente en los tendidos. Quizá faltó por momentos algo de reposo dentro de tanta intensidad, pero la dimensión del torero terminó imponiéndose por encima de cualquier matiz. Una estocada entera puso en sus manos las dos orejas y abrió de par en par la Puerta Grande.

David de Miranda tampoco dejó pasar su presentación en Valladolid. El tercero, noble y con posibilidades aunque sin demasiada transmisión, le permitió mostrar desde el capote la firmeza que caracteriza su momento. Ya con la muleta comenzó de rodillas y fue ganando terreno al toro desde el temple y la suavidad.

Hubo naturales largos, cambios de mano de gran duración y una notable ligazón sobre la diestra. Cuando la faena amenazaba con perder intensidad, De Miranda se metió en los terrenos donde suele encontrar su mejor argumento. El arrimón final y unas ajustadas bernardinas pusieron la plaza en pie. Mató de una estocada y cortó una oreja con fuerte petición de la segunda.

Con el sexto de Vellosino volvió a estar por encima de un toro soso y desrazado. Lo sujetó inicialmente por bajo y después tiró de técnica, firmeza y temple para extraer cuanto llevaba dentro. El público tardó en entrar en la faena hasta que nuevamente acortó distancias. La espada y, sobre todo, el descabello dejaron todo en una ovación.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *