La perturbación mediterránea que este fin de semana ha afectado especialmente a Cataluña, la Comunidad Valenciana y algunas zonas de Castilla-La Mancha ha dejado precipitaciones y registros nunca vistos en puntos de la provincia de Barcelona y ha lanzado un mensaje claro: los fenómenos meteorológicos de virulencia extrema no son algo puntual, sino que forman parte de la nueva normalidad de nuestro clima mediterráneo. Los 200 litros que cayeron en Barcelona en menos de seis horas, con vientos enfurecidos, fueron el colofón de un verano interminable en el que la capital catalana acumula 120 días sin bajar de los 20 grados y con el agua del mar a 26 grados, tres más de lo que tocaría para la época. El Mediterráneo es, pues, una olla a presión a punto de estallar a poco que las primeras condiciones otoñales en la atmósfera se vayan instalando.
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