Los miembros del banco central de EEUU han decidido en su reunión de este miércoles una subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos, una medida que rompe con el mantenimiento vigente desde finales de 2025 y con la previa trayectoria a la baja. Se trata del primer incremento de tipos desde hace más de tres años, tras el último movimiento registrado en julio de 2023. Esta decisión ha estado motivada por el repunte inflacionario desatado desde que la administración Trump inició una guerra contra Irán a finales de febrero, dejando el precio del dinero en una horquilla entre el 3,75% y el 4%.
La coyuntura económica se ha visto alterada por la crisis energética derivada de la tensión en el estrecho de Ormuz y en gran parte de Oriente Medio, un conflicto cuya duración prolongada ha provocado un shock inflacionario global. En este contexto, la energía y los carburantes han disparado la inflación, llevando al Índice de Precios al Consumo (CPI) a registrar un aumento anual del 3,4% en agosto, la misma tasa que en julio pero cinco décimas superior a la del ejercicio previo. Esta aceleración de los costes se apoya en un encarecimiento del 16,3% en los precios de la energía y de un 27,4% en las gasolinas.
Por su parte, el gasto real en consumo personal (PCE), el indicador preferido por la Reserva Federal, ha marcado un 3,7% en julio al igual que en junio, lo que evidencia un nivel de precios persistentemente superior al de 2025 y muy por encima del objetivo del 2%. Este escenario refleja cómo el denominador común de la economía es la inflación. Con esta medida, el organismo estadounidense se suma al cambio de ciclo impulsado por el Banco Central Europeo, entidad que ya ha incrementado los tipos en 50 puntos básicos durante este año.
La determinación del banco central desafía abiertamente las pretensiones de Donald Trump, quien llegó a insultar de manera reiterada al anterior presidente de la institución, Jerome Powell, bajo una presión incesante para que recortara el precio del dinero de forma acelerada. El mandatario estadounidense no ha logrado alinear sus deseos con Kevin Warsh, al frente de la Fed desde mayo, quien se ha visto obligado a intervenir ante la crisis de precios generada por la propia administración. El endurecimiento monetario llega, además, en un momento de máxima sensibilidad política a solo mes y medio de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, evidenciando las consecuencias políticas cuando sube la inflación.
Durante el simposio de Jackson Hole a finales de agosto, Kevin Warsh ya advirtió de que la evolución de los precios resultaba “preocupante” y requería que la Reserva Federal concentrara sus esfuerzos en el control de la inflación. El responsable del regulador señaló que las condiciones de financiación no eran restrictivas en ese momento, lo que apuntaba a una próxima subida de tipos. Aquel cambio de tono respecto a sus discursos de junio y julio fue interpretado por los mercados como la antesala de una subida si el coste de la vida no frenaba su escalada.
A diferencia de la reunión de julio, donde únicamente tres de los doce gobernadores del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) votaron a favor de subir las tasas en 0,25 puntos, en esta ocasión todos los miembros han optado por el incremento. El voto favorable de Kevin Warsh a favor de una política monetaria más restrictiva contradice explícitamente los designios de Trump, despejando cualquier duda sobre la independencia de la Reserva Federal.
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