Es difícil pensar en una novela, o en una película, sin la célula básica de la arquitectura: la casa. En el teatro es poco habitual que los dramas y las comedias no sucedan en hogares. Aunque, como están limitados los escenarios, ocurre porque sus grandes causantes —el dinero, el miedo y (es Navidad) el amor— se escapan a otros parajes.
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