En medio del lío político, con frío y una lluvia desesperante, que no ha parado en casi dos semanas, tras el desalojo del antiguo instituto B9 de Badalona, la supervivencia de casi 200 migrantes ha dependido de una decena de colectivos y vecinos organizados para cocinar y facilitar desde mantas hasta cepillos de dientes. El desalojo del mayor asentamiento de personas migrantes de Cataluña dejó a dos centenares de personas sin alternativa habitacional, mientras el alcalde, Xavier García Albiol, presumía de no atenderles, les echaba de una plaza y acabaron bajo el puente de la autovía C-31. Entidades, voluntarios y particulares han sostenido la ayuda incluso durante las Fiestas. “Hasta he olvidado que era Navidad. No podemos mirar hacia otro lado”, resume Carles Sagués, de Badalona Acull, la plataforma de entidades que de forma espontánea ha asumido la coordinación.
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