Se pueden visitar los ecos de esta rivalidad histórica conduciendo de rotonda en rotonda. Leganés (194.000 habitantes) y Getafe (190.000) siempre miraron de reojo a su vecino de enfrente. El fútbol, para variar, ha representado mejor que nada la competencia entre ambos municipios. Antes de que las dos ciudades alcanzasen simultáneamente la Primera División, estuvieron mucho tiempo batiéndose en duelo en el barro de la Tercera y la Segunda B. Era el final de los años 90. Mientras las aficiones vibraban dentro de unos estadios sin lustre durante esos derbis calientes, los constructores inmobiliarios experimentaban con estas localidades como si aquello fuera el Monopoly. El bum del ladrillo impulsó el crecimiento al sur de Madrid y, en cada nueva construcción, la guinda del pastel era la misma: una rotonda. Así, Leganés y Getafe empezaron a competir también en la construcción, auspiciados por sus alcaldes.
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