La economista Mariana Mazzucato (Roma, 1968) está obsesionada por pisar el terreno, mancharse las manos y ver cómo sus ideas se ponen en práctica y mejoran la vida de las personas. Acaba de regresar de Brasil y de México, después de varias semanas de trabajo con comunidades locales. Recibe a EL PAÍS en su casa londinense de Londres, en el barrio de Camden, con una incomprensible energía en alguien que debería estar aún bajo los efectos del jet lag.
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