A veces, con afán un tanto deportivo, repaso la nómina de los premios Nobel de todos los tiempos. A quienes entre ellos he leído, cuáles no leería nunca, cuales otros no volvería a leer, y aquellos cuyos nombres no me dicen nada. Sus nombres están inscritos en las lápidas de un vasto cementerio, algunas de ellas sobresalientes, otras perdidas entre la hierba.
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