La profundidad de la grieta que divide a las sociedades actuales es motivo de preocupación en todas partes. La gente se agrupa por bloques ideológicos. La pertenencia a uno de estos bloques moldea valores, estilos de vida y visiones del mundo. En el enfrentamiento entre bloques, se exageran tanto las diferencias que parece desvanecerse cualquier posibilidad de entendimiento mutuo. Donde antes había un terreno común, ahora se abre una brecha infranqueable. Quienes pertenecen a un bloque no pueden entender que haya gente que pertenezca al contrario. A quien milita en el bloque opuesto se le da por perdido, se le ve como alguien irrecuperable, presa de una ceguera ideológica que le impide reconocer la realidad. Woody Allen, que siempre ha tenido mucho ojo sociológico, lo reflejó de forma muy divertida en Todos dicen I Love You (1996): a unos padres adinerados que vivían en una casa maravillosa en Nueva York, ambos demócratas puros, uno de los hijos les salía republicano convencido y lo llevaban al neurólogo para averiguar qué andaba mal en su cerebro.
Seguir leyendo
Leave a Reply