A las nueve de la mañana, en un despacho del Hospital del Mar, en Barcelona, la radióloga Natalia Arenas abre su lista de mamografías pendientes. Casi un centenar. Un algoritmo de inteligencia artificial (IA) ya ha cribado el lote: arriba las sospechosas, abajo el resto. “Si hoy hay un cáncer, estará en la parte alta de la lista”, resume.
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