“Tengo dos frases de Roberto grabadas”, dice Iago Jover Mariño (Barcelona, 23 años). “La primera es ‘la calidad no se controla, se elabora’. La segunda, ‘no buscamos vestir el cuerpo sino el alma’. Creo que resumen muy bien su filosofía”. No son eslóganes; más bien son axiomas. Si algo ha defendido durante cuatro décadas esta enseña es el “armario emocional”, citando una vez más a su fundador —tan prolífico en lo sartorial como en lo verbal: pocos interlocutores regalan tantos titulares en una entrevista—. “Va más allá de hacer ropa. El diseño es una herramienta que permite dar forma a esa manera de ver la moda y la vida”, apunta el flamante director de innovación de la firma. Lleva poco más de un año en el cargo, pero ya destila un ideario que es más vital que corporativo.
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