Sánchez contra el Rey, una inquietante deriva

Las críticas de Pedro Sánchez al Jefe del Estado constituyen una peligrosa deriva, además de reflejar una grosera confusión de planos institucionales. El propio presidente del Gobierno, pocas horas después de la entrada masiva de migrantes de Ceuta, habló de un ataque a la integridad territorial del Estado, es decir a nuestra soberanía. 

Estamos desde hace un mes ante una crisis de soberanía no resuelta. Y en estas difíciles circunstancias, Sánchez pone en cuestión la actuación de Felipe VI que, según la Constitución, es el símbolo de la “unidad y permanencia del Estado”. Por razones de debilidad política, cuestiona, sin justificación alguna, la cúspide institucional de nuestra democracia.

Los actos del Rey, como establece nuestra Carta Magna, son refrendados por el presidente del Gobierno o por los ministros competentes. Si Felipe VI no ha visitado todavía Ceuta durante su reinado, y de modo más concreto, desde que Gobierna Sánchez, es porque esa visita no ha sido refrendada por el Ejecutivo. 

De hecho, el propio presidente del Gobierno, contradiciéndose a sí mismo, anunció una próxima visita del monarca.

Pedro Sánchez, en un nuevo gesto que cuestiona nuestro sistema democrático, ha comparado su acción política con la del monarca constitucional que no tiene papel político alguno. 

El rey reina, pero no gobierna; y el presidente gobierna, pero no es el máximo representante del Estado. No se pueden confundir planos por arrogancia, ignorancia o por interés partidista sin provocar un serio perjuicio.

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