Tomando cañas y pornografiando la miseria

Los rascacielos son la erección del poder económico. En Manhattan hay muchos, pero a pie de calle se pasea la más absoluta pobreza, tanta y tan frecuente que ya forma parte del paisaje, como las montañas de basura, las columnas de humo que salen del asfalto o los spaghetti meatballs en esos diners en peligro de extinción. Si uno va a Nueva York y no se ha topado con la mirada enloquecida de un homeless que predica el apocalipsis, si no se ha cruzado con los pasos silenciosos de una bag lady que empuja un carrito con todas sus pertenencias, es como si no hubiera estado en Nueva York.
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