El brote de xenofobia, racismo y aporofobia que ha estallado en Badalona se ha convertido en un escandaloso contrapunto para la Navidad. La tradicional celebración cristiana del amor fraterno y la paz pierde cada año un poco más su sentido religioso en beneficio de la explosión hibernal del consumismo. Y justo ahora, cuando las autoridades locales engalanan e iluminan alegremente los centros de las ciudades, en el suburbio, allí donde la ciudad pierde su nombre, un numeroso contingente de inmigrantes pobres es arrojado sin misericordia ni contemplaciones a la más cruda intemperie. A vivir bajo un puente. O a la ribera de un río. A pasar la Navidad bajo la lluvia y el frío.
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