La estrella del pop Ed Sheeran se disculpó el sábado por la polémica surgida durante su gira después de que el rapero Macklemore, uno de sus teloneros, fuera apartado por sus mensajes de apoyo a Palestina durante una actuación. El cantante británico calificó de “injustificable” la actuación de Israel en Gaza, donde han muerto por los ataques de su ejército más de 70.000 personas.
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Ed Sheeran califica de “injustificable” la actuación de Israel en Gaza y reconoce “errores” tras apartar de su gira al rapero Macklemore
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Detenidos cinco hombres por una agresión a una mujer trans en Asturias
La Guardia Civil ha detenido a cinco hombres de entre 18 y 20 años por una agresión física y verbal contra una mujer trans, ocurrida el pasado enero en la localidad de Piedras Blancas (Asturias).
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Cómo conquistar el mundo desde Cartagena: de gira con Arde Bogotá antes de su nuevo álbum
La Copa del Mundo estaba allí, a medio metro del micrófono de Antonio, pero él no se atrevió a tocarla. Fue durante la celebración del Mundial. “Me dio cosa”, confesó unos días después. ¿Por qué? “Yo creo que la gente hubiese pensado: ‘¿Pero estos quiénes son?”.
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Cuidar a los dependientes en casa: “Necesitamos más recursos, es lo que los mayores quieren”
Josefina cree recordar que se conocieron en un baile en el pueblo leridano de Torrefarrera, de donde es ella. Ángel había llegado joven de Murcia para trabajar en el campo, como ella, recolectando fruta. Se casaron, tuvieron amigos, no tuvieron hijos y vivieron su vida en el pueblo. De eso hace más de 70 años. Él ahora tiene 96 años, y ella 95. En 2020, durante la pandemia de covid, Ángel se rompió el fémur y lo llevaron a una residencia. El hombre risueño y movido que había sido se empezó a apagar: apenas hablaba y dejó de caminar. Los servicios sociales del pueblo decidieron sacarlo del centro y devolverlo a casa, con un grado tres de dependencia, y bajo los cuidados de una trabajadora que iría dos veces al día. “No le gustó nada la residencia. Mientras podamos aguantar, estaremos en casa, el jefe no quiere volver a ir ahí”, dice Josefina, sentada en una butaca de su salón mientras Nora, la trabajadora, ayuda a Ángel a levantarse de la cama.
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Manuel Delgado, antropólogo: “Los alcaldes conciben las ciudades como productos en venta”
“Cuando los políticos hablan de crear espacios urbanos de calidad, debes pensar si tú eres de suficiente calidad para ese espacio. Porque a lo mejor tú sobras”, reflexiona Manuel Delgado (Barcelona, 70 años), un pensador provocador que analiza las dinámicas urbanas desde su cátedra de Antropología Religiosa y Antropología Urbana. La religión, dice, tiene mucho que ver, pues las políticas neoliberales que arrasan las ciudades y expulsan a sus habitantes se revisten ahora de bienes morales superiores (el progreso, la cultura), al estilo de los religiosos, muy difíciles de criticar. Delgado se acaba de jubilar —ahora es catedrático emérito— tras cuatro décadas impartiendo clase en la Universidad de Barcelona. Y lo celebra publicando Todas las ciudades están poseídas (Capitán Swing), un ensayo que bebe de dos clásicos del pensamiento urbano, Muerte y vida de las grandes ciudades (Jane Jacobs, 1961) y El derecho a la ciudad (Henri Lefebvre, 1968). Responde a EL PAÍS por videollamada.
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Martín Escolar, el divulgador cultural que triunfa en ‘Saber y ganar’: “No sabía que su mensaje sobre el respeto a los concursantes iba por mí”
Cuando, a finales de julio, Saber y ganar publicó en sus redes sociales un mensaje pidiendo respeto para sus concursantes, todos sus seguidores pensaron en un participante en concreto. Todos, menos él. “Sinceramente, cuando lo leí no tenía claro por qué era”, explica Martín Escolar (Madrid, 35 años). Hacía una semana que habían dejado de grabar por el parón del concurso en verano —los nuevos programas en los que él participa arrancan en la semana del lunes, 21 de septiembre— y desconocía que enviarían ese mensaje. “Cuando lo vi, dije, ‘a saber por qué será’. Luego vi que los medios apuntaban a mí, aunque ellos no dijeron mi nombre. Pero, por lo visto, era yo”. Así que él también escribió otro comunicado en su cuenta de Instagram para aclarar que estaba perfectamente y que las críticas se las tomaba como una motivación más. “Que parezca que la comunidad más tóxica en internet sea la de Saber y ganar es algo que nadie vio venir”, bromea Escolar, sentado en la terraza de la cafetería de EL PAÍS en Madrid a principios de septiembre.
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La cursilería, antesala del trumpismo
A quienes leímos Hilbilly, una elegía rural, el libro que le hizo popular y acabó llevándole a la vicepresidencia de Estados Unidos, no nos ha sorprendido tanto que J. D. Vance se rinda —y no como placer culpable— a los encantos de Emily in Paris, serie que considera el Shakespeare de nuestro tiempo. El escritor que Vance fue antes de meterse a destructor de la humanidad era un narrador afectado, con tendencia al melodrama, una autoconciencia muy dada a la autocompasión, una idea del mundo reducida a una lucha del bien contra el mal y una incapacidad casi patológica para contar chistes o apreciar el lado divertido de las cosas. En otras palabras: era un cursi. ¿Cómo no va a emocionarle esa sublimación de la cursilería, ese merengue de la ingenuidad, esa tarta nupcial con forma de Torre Eiffel que es Emily in Paris?
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Más de 1.000 menores aún deambulan por Ceuta: entre la guerra política y el limbo
Los mil menores que aún viven en la calle en Ceuta pasan los días atrapados en un limbo con verbo propio: deambular. Aunque los recorridos son variables, esos niños y niñas comparten un trayecto que realizan a diario aunque el resultado no varíe. Primero acuden en grupos pequeños al corazón de la ciudad, a la Jefatura Superior de la Policía. Pero jamás logran entrar. “Que os vayáis, ya os lo dije ayer y anteayer, no estamos filiando”, les chilló un agente a un grupo de chicos de no más de 14 años.
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El mapa de Ceuta 50 días después de la entrada: más de 10.000 migrantes entre centros y asentamientos informales
Este viernes se cumplieron 50 días desde que irrumpieron más de 80.000 personas en Ceuta, una ciudad situada en la costa norte del continente africano con una población acostumbrada a las noticias de inmigración y al sonido de las sirenas acudiendo a la frontera con Marruecos. Durante unas horas, la mañana del 30 de julio, la frontera española dejó de existir. Se abrieron las puertas para evitar una tragedia humana mayor —hubo casi 100 muertos— y, aunque hasta 70.000 personas regresaron a Marruecos por el mismo camino en las siguientes horas, según datos del Gobierno, más de 10.000 siguen atrapadas, en una especie de limbo. Esperan a saber si podrán quedarse en territorio español o serán devueltos a Marruecos, como prometieron tanto el Gobierno como la ciudad autónoma al inicio de la crisis.
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Decencia a ultranza, salvo alguna cosa
El otro día en Roma estuve con una doctora una hora y cinco minutos. Cinco minutos es lo que tardó en mirarme, la primera hora estuvimos hablando de política. Empezó porque al saber que yo era español casi me da un abrazo. Era judía, con pasaporte israelí, además del italiano, y me puso a Netanyahu de malnacido fascista para arriba. Esto desconcertará un poco en España, pero fuera a mí me ha pasado, que te feliciten por la postura de tu país con Trump y Netanyahu, dan por supuesto que estamos todos orgullosísimos. Cuando le explicas que no todos, se les cae un mito. Uno de ellos es Alberto Núñez Feijóo, que el otro día en una entrevista estaba molesto por cómo se ha comportado el Gobierno español con Israel y a escala internacional. Esto dijo sobre sus prioridades si llega a La Moncloa: “Tenemos que revertir el infierno fiscal, adelgazar el Gobierno, restituir nuestras alianzas internacionales y garantizar la decencia a ultranza del Gobierno”. No sé cómo se compagina lo tercero con lo cuarto, y cómo un auténtico infierno, como el de Gaza, da un poco lo mismo. Ya, lo sé, todo está en el pack del sanchismo y esto en España no mueve votos, 73.000 muertos en Gaza (más de 1.300 después del alto el fuego) y lamerle los zapatos a Trump son detalles menores. Vivimos en nuestra burbujita. Sacas el tema en una comida y te miran como un esnob.
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