“Ya puedo respirar, creía que esto era el fin del mundo”. Javier González, un pastor sexagenario, tuvo en vilo durante casi un mes a familiares y vecinos de la jiennense Sierra de Segura. La sucesión de borrascas en Andalucía dejó intransitables la mayor parte de caminos y senderos por las que se accede a su cortijo de los Huecos de Bañares, donde también se perdieron las conexiones telefónicas. El lunes pasado, coincidiendo con la llegada del anticiclón, dos agentes de Medio Ambiente y el alcalde de Segura de la Sierra, alarmados por la falta de noticias del pastor, recorrieron 17 kilómetros (ocho de ellos a pie) por terrenos inhóspitos del monte hasta que se reencontraron con Javier, sano y salvo, junto a su centenar de ovejas segureñas, unas 80 gallinas ponedoras y varios perros y gatos. “Creía que esto era el fin del mundo, lo daba todo por perdido, pero, gracias a Dios, voy a sobrevivir, voy a salir de esto”, les dijo el pastor a las tres primeras personas que veía después de un mes donde el temporal ha golpeado con severidad a esta comarca del interior del parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas.
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