La fiebre energética llegó a la esquina noroeste de la provincia de Cádiz en 2020. De la noche a la mañana, en la linde con Málaga y Sevilla comenzaron a llover anuncios de megaproyectos de generación de energía solar o eólica. Hasta que Rafael Aguilera (IU), regidor de uno de los pueblos afectados, Alcalá del Valle, se plantó: “Acaparaban tierras de labor, no abarataban la factura, no generaban puestos de trabajo y provocaban impacto ambiental. ¿Dónde estaba el beneficio?”. Así que blindó su término municipal frente a la voracidad de las multinacionales, pero en ese camino llegó a otra conclusión: “Si ellos quieren montar placas solares es porque somos ricos. ¿Por qué no lo hacemos nosotros mismos?”.
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