El amor por el picante cristaliza en España, y no hay mejor muestra de ello que el auge de salsas gourmet. Jugos, adobos y cremosos inventos con tabasco, guindilla, habanero o chipotle que permiten alegrar tus bocadillos, rematar una pizza, mejorar los guisos de la abuela o hacer las barbacoas mucho más divertidas. Echando la vista atrás, hace solo un par de décadas era impensable encontrar jalapeños, wasabi o tajín en el supermercado en España; acceder a tantos tipos distintos de chile; perderse por el pasillo de una tienda especializada solo en condimentos picantes o ver sriracha, Valentina o harissa en la puerta de la nevera de cualquier hogar corriente. Sin embargo, en pleno 2026, estamos locos por las salsas, y no nos importa pagar un precio más elevado por una receta secreta o una nueva forma de chutar capsaicina a nuestro organismo. “El picante es como el reguetón: ha venido para quedarse”, bromea Gustavo González (49 años, Talavera de la Reina), uno de los dos creadores de Pica de Collons, salsa elaborada con ingredientes locales catalanes que surge de su amistad con Eduard Viscarri (31 años, Barcelona) y que nace en los últimos coletazos de la pandemia.
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